BUSINESS | 3 MINUTOS

VASOS COMUNICANTES

Escrito por Susana Vázquez
Directora de Operaciones Multirriesgos @ Asitur
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Las circunstancias actuales nos han obligado a adaptarnos a la situación de manera más rápida de lo habitual, aunque si miramos atrás, el tema de la rapidez ya empieza a ser una constante que debemos tener muy presente.

Es obvio que la teoría de la selección natural de Darwin está en plena actualidad, y en los tiempos que corren, sólo sobrevive el que mejor se adapta al medio, en este caso, creo que podríamos transformarlo en que “las organizaciones que mejor se adapten y más rápido al entorno digital, serán las que perduren en el tiempo”.

Y una vez más, los contact center parece que de nuevo hemos destacado en la rapidez con la que nos hemos subido al tren del 100% teletrabajo frente a otros sectores.

Para los que, como en Asitur, ya contábamos con experiencia previa, con un 25% de la plantilla en teletrabajo desde hace ya muchos años, digamos que esto ha sido una “pruebecilla” con cronómetro, donde también la anticipación ha jugado un punto a nuestro favor.

Pero la prueba ha sido mucho más relevante de lo que creíamos. Creo que todos hemos descubierto que se puede teletrabajar al 100%. Pocos apostarían por un modelo completo antes del Covid-19. Pero sí, ahí está el dato que lo demuestra.

Y cuando hemos visto las bondades, y hemos empezado a analizar la posibilidad/viabilidad de mantener este modelo en el tiempo, o incluso apostar por un modelo mixto con algunos días en la oficina, parece que nos cambian el paso y nos ponen la zancadilla, para casi obligarnos a volver a lo que teníamos antes. O cambia mucho el anteproyecto de Ley en el punto donde se expone que TODOS los gastos directos o indirectos deberán ser asumidos por la empresa, o muchos se van a ver abocados a tener que anular incluso el porcentaje de teletrabajo que ya tenían anteriormente.

En estos cuatro meses, el varapalo que ha sufrido la economía ha sido catastrófico, y se entiende la prisa por querer reanudar la normalidad para dejar todo como estaba, pero no a costa de perder la puerta que ha abierto el teletrabajo.

Si intentamos analizar por qué este apretón en las condiciones, yo diría que la presión por recobrar la normalidad y salir de la crisis económica cuanto antes, hace que casi sea mejor poner la barrera al teletrabajo, que dejar que algunos se planteen aumentar sus porcentajes viendo que es perfectamente viable. Igual hay algo de querer evitar: restaurantes sin clientes para el menú diario, parón en seco de las ventas de coches (¿quién quiere un coche o dos aparcados en la puerta de su casa?), depósitos de gasoil/gasolina que duran mucho más que antes, medios de transporte fantasma sin pasajeros, comercios con pocas visitas porque la gente está en su casa trabajando, etc.

Es cierto que esto duele mucho a la economía tal y como está planteada actualmente, y es evidente que el teletrabajo de manera masiva afecta seriamente a muchos sectores de nuestra economía como decía. Además, no cabe duda de que hay que regularlo, y está muy bien hablar de derechos y obligaciones de unos y otros, por supuesto, pero yo diría que el objetivo en este caso es ponerlo un poco difícil.

No olvidemos que la balanza también pesa mucho por el otro lado, reducción de accidentes de tráfico, contaminación (¿el cambio climático? ¡pobre Greta!), atascos, recuperación zonas rurales/descongestión ciudades, etc. Pero quizás este lado de la balanza no es suficiente para la economía.

¿Y si en lugar de poner barreras para recuperar lo anterior, abrimos la mente a las nuevas ideas y a la transformación de los modelos de negocio?

Aquí sí que tenemos una lista inmensa de nuevas oportunidades que quieren crecer y expandirse, muchas de los cuales han brillado en estos cuatro meses: Digitalización de los negocios, Logística (que por cierto tanta falta hace a algunos de los “medianos”), Comercio electrónico, Carsharing, Carpooling y un sinfín de alternativas para la que debería ser la “nueva economía”.

Por supuesto nadie quiere arruinar a los sectores mencionados antes afectados indirectamente por el teletrabajo masivo, pero ¿por qué no se innova también allí?

Si el cliente no va a comer menú diario, cambia tu negocio y llévaselo tú a su casa (potenciando más restaurantes de comida casera a domicilio), si ya no se van a usar tantos autobuses, amplía las zonas de ocio y actividades para que sigamos gastando con ese tiempo que estamos ganamos (no olvidemos que ya no perdemos 1 hora, con suerte, al día para ir a la oficina). En este sentido hay algunos que nunca pierden las oportunidades, recientemente he leído que Google Maps ha lanzado nuevas rutas para ciclistas por el aumento de la demanda que según ellos desde febrero ha subido un 69%.

Hasta los bancos han podido funcionar a distancia, y fíjate que ahorro sería cerrar muchas oficinas, pero sacando las mismas operaciones con gran parte de los empleados trabajando desde casa (demostrado con creces en estos meses con los préstamos ICO).

En el mercado encontramos muchos ejemplos de transformación, Samsung se inició como exportador de pescado seco a finales de los años 30, posteriormente pasó por otras experiencias vendiendo harina y seguros de vida, hasta llegar al gigante tecnológico que es hoy.

A favor del teletrabajo también tenemos otros argumentos, como es la importancia de tener empleados felices, flexibles (todo esto siempre que sea Voluntario claro está). Otro punto que suma es la tan deseada retención del talento, porque el teletrabajo ya antes del Covid19 empezaba a ser una petición colectiva de muchas áreas (TIC en cabeza), pero también de gran parte de los departamentos de una empresa.

Es el momento de medir por resultados y no por presentismo.

Es evidente que todo el gasto no lo debe asumir el trabajador, pero una vez que se proporcionan todas las herramientas y condiciones necesarias, cada empresa tendrá que valorar sus ahorros y llegar hasta donde pueda, para compartir los gastos siempre que todos ganen. No olvidemos que, si la empresa también gana, al final podrá invertir y seguir mejorando otros aspectos que revertirán en el trabajador.

Cada uno debería poder elegir el modelo a seguir, cumpliendo unos mínimos por supuesto, pero garantizando que sea ventajoso en una combinación justa para todas las partes. Busquemos el equilibrio en la balanza.

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